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LECCIÓN 13

Buenos dias, mis Bloggerteros, feliz Domingo dejándole con esta reflexión: La realidad que experimentas es el reflejo de nuestras expectativas, decubre esta lección que nos enseña que si todos los dias hacemos lo mismo, nuestros resultados siempre serán los mismos...

La realidad que experimentamos es el reflejo de nuestras expectativas. Si proyectamos las mismas imágenes todos los días, nuestra realidad será idéntica día tras día. Cuando la atención es perfecta, crea orden y claridad a partir del caos y la confusión.

Después de convertirse en rey, Arturo habló de sus experiencias en la cueva de cristal solamente con su esposa Guinevere. Pasaron muchos años antes de que Merlín reapareciera, y Guinevere pensaba en él más o menos de la misma manera en que se imaginaba un unicornio o alguna otra bestia mitológica. “Si es tan salvaje como las oscuras montañas de Gales, donde dicen que nació, me espantaría la sola idea de conocerlo”, le dijo una vez a Arturo.

“No es así”, replicó Arturo. “No se parece a nada que puedas esperar o prever".

“Mi señor, he conocido magos en la corte francesa, o por lo menos eso decían ser”, dijo Guinevere. “¿Acaso no son simplemente ancianos de barba blanca y larga que actúan de manera sabia, hacen gestos como si vieran cosas que nosotros no vemos y afirman tener poderes que en realidad nadie logra ver?” Arturo sonrió. “También he conocido esa clase de magos, pero Merlín no es como ellos. Una vez le pregunté: ‘¿En qué somos distintos tú y yo? En mi opinión somos sólo dos personas que están sentadas debajo de un árbol a la orilla de un arroyo, esperando pescar algo para la cena’. Él se quedó mirándome y sacudió la cabeza. ‘Es cieno que no somos más que dos personas aquí sentadas — dijo —, pero para ti este escenario es toda tu realidad, mientras que el arroyo, el árbol y todo lo que nos rodea son el punto más minúsculo en el horizonte más lejano de mi consciencia”’.

Guinevere preguntó: “Si en realidad Merlín vivía en un mundo tan distinto del nuestro, ¿te enseñó alguna vez cómo llegar hasta él?”

“Si”, dijo Arturo. “Insistía en que mi versión de la realidad— el árbol, el arroyo, el bosque — era una ilusión, una alucinación personal impuesta por mi mente, mientras que su mundo estaba abierto a todos, puesto que es un mundo compuesto totalmente de luz

Guinevere quedó confundida. “Pero tú y yo vemos esta habitación, como la ven también todas las personas a quienes conocemos. No puedo creer que esto sea sólo una ilusión”.

“Entonces te mostraré algo”, dijo Arturo. Le pidió a su reina que abandonara la alcoba y prometiera no regresar antes de la media noche. Guinevere obedeció y, al regresar, encontró la alcoba sumida en total oscuridad, con todas las velas apagadas y las cortinas cerradas. “No te preocupes”, dijo una voz. “Aquí estoy”.

“¿Qué deseas que haga, mi señor?”, preguntó Guinevere.

Arturo dijo: “Deseo saber qué tan bien conoces esta alcoba. Camina hacia mí y describe los objetos que te rodean, pero sin tocar nada”. A la reina esa prueba le pareció muy extraña, pero hizo lo que le pedían.

“Ésa es nuestra cama, y allí está el arcón de roble de la dote que traje desde el otro lado del mar. En el rincón está un candelabro alto forjado en hierro español con dos tapices a cada lado”. Caminando cautelosamente para no tropezar con las cosas, Guinevere pudo describir cada detalle de la alcoba que ella misma había amoblado hasta el último almohadón.

“Ahora mira”, dijo Arturo. Encendió una vela, luego otra y una tercera. Mirando a su alrededor, Guinevere se sorprendió al ver que la alcoba estaba totalmente vacía. “No comprendo”, murmuró.

“Todo lo que describiste era lo que esperabas encontrar en esta alcoba, no lo que realmente había en ella. Pero la expectativa es poderosa. Incluso sin luz, viste lo que esperabas y reaccionaste de conformidad. ¿Acaso no sentías que la alcoba era la misma? ¿Acaso no caminaste con cuidado por los sitios donde temías tropezar con algo?” Guinevere asintió.

“Incluso a la luz del día”, dijo Arturo, “vamos andando de acuerdo con lo que esperamos ver, oír y tocar. Cada experiencia se basa en la continuidad, la cual nutrimos recordando todo tal como estaba el día anterior, una hora antes, o un segundo antes. Merlín me dijo que si lograba ver sin tener ninguna expectativa, nada de lo que diera por hecho sería real. El mundo que el mago ve es el mundo real, una vez que se enciende la luz. El nuestro es un mundo de sombra, por el cual caminamos a oscuras”.

Para Comprender la Lección.

El mago se ha liberado completamente de lo conocido. Para él, la única libertad está en lo desconocido, porque todo lo conocido está muerto y en el pasado. “¿Sabes por qué digo constantemente que tu mundo es una prisión?”, preguntó

Merlín. “Porque todo aquello que la mente puede concebir debe ser limitado. Tan pronto como pones una experiencia en palabras, o la envuelves en un pensamiento, o dices ‘Yo sé’, desaparece algo maravilloso e invisible. Los limites son jaulas; la realidad es como un ave delicada que tiembla en tu mano. Si la retienes allí durante mucho tiempo, morirá”.

Si bien es cieno que lo desconocido es el pasaje hacia la libertad, también es cieno que el ego se siente más cómodo dentro de los límites. Nuestra mente genera las mismas imágenes día tras día. Estas imágenes son el reflejo de lo que somos y, no obstante, el ego las considera reales. “¿No es obvio que un árbol es un árbol, un muro un muro, una montaña una montaña?”, pregunta el ego. Son reales únicamente en un estado de consciencia — el estado de vigilia. En un sueño podríamos estar en el campo y ver las nubes pasar sobre una montaña. Y al despenar nos daríamos cuenta de que las montañas, las nubes y el campo eran sólo disparos aleatorios de las células cerebrales que daban lugar a imágenes pasajeras. No hay prueba de que el estado de vigilia sea diferente. Las montañas, los campos y las nubes “reales” no poseen una realidad comprobable más allá de las imágenes que se disparan en la mente.

Arturo se escandalizó cuando Merlín descartó al mundo visible calificándolo de ilusión. “Pero puedo tocar las cosas que me rodean y sentir su solidez. Si me golpeo la cabeza contra una piedra, me lastimo”, protestó.

“Las imágenes no son sólo visibles”, le recordó Merlín. “También en un sueño puedes tocar las cosas y sentir toda una gama de sensaciones

“Entonces ¿cómo es que puedo distinguir entre estar despierto y soñando? ¿Por qué todo el mundo dice que lo primero es realidad y lo segundo ilusión?”

“Es la costumbre. Si los mortales aprendieran esto de los magos, podrían hacer durante la vigilia todo lo que hacen ahora en sueños. Así comenzarían a disiparse las fronteras y la realidad los invitaría a salir de la penumbra de su prisión”.

Todos experimentamos lo nuevo y lo desconocido, pero pocos reconocemos esto último como una fuerza que nos llama. Lo desconocido contiene pistas acerca de otra realidad. ¿Cuáles son esas pistas? Aunque cambian a cada momento, si observamos atentamente cualquier imagen que el mundo nos presenta, veremos un poco más de nosotros mismos cada vez. La aparente aleatoriedad de los sucesos comenzará a cobrar forma y significado, como si parte de nosotros dijera: “Estoy aquí. ¿Puedes hallarme?” Los encuentros casuales, las coincidencias inesperadas, las premoniciones que se hacen realidad, los deseos que se cumplen súbitamente, los momentos de dicha imprevisible, el sentido de sabiduría profunda, el surgimiento de la confianza — todas ellas son formas que la realidad adopta a medida que nos invita a salir de nuestra prisión autoimpuesta. No tenemos que escuchar esa voz suave que nos llama. La decisión es totalmente personal. En lo más profundo del corazón debemos decidir entre lo conocido, que nos es familiar, y lo desconocido, que es un campo nuevo de posibilidades infinitas.

Para Vivir la Lección.

Vivir esta lección implica rebasar la frontera de lo conocido. Si pudiéramos olvidarlo todo y no prever nada, estaríamos comenzando a agujerear las fronteras que nos impiden percibir una realidad más elevada. Esa realidad más elevada está entretejida con la realidad conocida que vemos y en la cual nos movemos día tras día; no hay distancia entre las dos. Sin embargo, bien podrían estar a millones de kilómetros de distancia.

Junto con la costumbre y la inercia, el temor tiene mucho que ver con la permanencia de la realidad tal y como la conocemos. Ensaye una versión de la prueba que hizo Guinevere. Párese en la oscuridad de la noche en el centro de una habitación que le sea conocida. Camine por ella, acercándose tanto como pueda a los objetos sin tropezar con ellos. Observe cuán difícil es caminar hasta por el recinto más familiar sin una sensación de temor. La mayoría de nosotros le tenemos mucho miedo a la posibilidad de quedar ciegos, debido a la incertidumbre que esto traería consigo; el corazón se nos acelera ante la sola idea de caemos o tumbar alguna cosa.

Sin embargo, ¿no nos demuestra esta prueba que lo conocido no puede protegemos del temor? Por mucho que conozcamos nuestra habitación, la aprensión persiste. Lo mismo sucede con el mundo a la luz del día, salvo que en ese caso el temor está arraizado en un sitio más profundo. En lugar de sentir un ligero temor a causa de la oscuridad, necesitamos un suceso de más trascendencia: un accidente, una interrupción de la rutina, la pérdida súbita de la seguridad. Independientemente de cuán a gusto creamos estar en el mundo de las cosas conocidas, la posibilidad de un desastre jamás se aleja demasiado de nuestro subconsciente.

Hay otro experimento sencillo que le ayudará a darse una idea de lo desconocido. Póngase una venda en los ojos y siéntese en la cocina de su casa. Pídale a un amigo que escoja tres alimentos sin decirle cuáles son, y que le dé a probar un bocado de cada uno. Usted reconocerá rápidamente cada alimento, pero tome nota también de que, durante ese segundo de incertidumbre previo al reconocimiento, saboreará algo nuevo: una textura inesperada, un matiz de sabor, un ligero aroma, que había olvidado que existía.

Allí radica el poder de la incertidumbre. Mientras estemos seguros de las cosas, viviremos dentro de unos límites. Sin embargo, las cosas de las cuales creemos estar tan seguros tienen muchas cualidades aún desconocidas. “Dios hizo este mundo”, dijo Merlín, “de manera que debe ser lo suficientemente interesante para mantener viva Su atención. Si descubres que las cosas te cansan, te parecen aburridas o previsibles, quizás es porque has perdido la capacidad de sentir interés”. Para el ego es difícil aceptar que se abra el camino hacia la incertidumbre. Sin embargo, es la única ruta hacia el mundo del mago.

Hoy mis Bloggerteros quiero cerrar con esta oración, que para mi encierra o es la esencia de esta Lección. Si descubres que las cosas te cansan, te parecen aburridas o previsibles, quizás es porque has perdido la capacidad de sentir interés.
 
Un gran abrazo y sigamos aprendiendo...
 
Gustavo Alviárez

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