De lo contrario la tenencia del “sentido de pertenencia” en el listado de los valores de la empresa solo será una declaración hueca, lo que hará de manera inmediata, cuando el común se percate de su contradicción, que se dude de la veracidad de los otros valores que la organización declara y reclama como propios, pues si en verdad ésta no le pertenece más que a quienes la rigen, aún cuando en sus valores expresan que todos deben sentirla como propia, ¿qué quedará para el resto de sus afirmaciones?.
Autor: Félix Socorro
Clima laboral
16-04-2010
Cuando el Fracaso no es Fracaso - Parte III
Pasos para salir del desaliento:
Quizás ahora mismo usted se sienta totalmente desalentado, creyendo que es muy poco lo que puede hacer para vencer los sentimientos de frustración e inutilidad. Pero hay algunos pasos que puede dar para salir de esa postración.
a. Acción positiva
Enfrente el problema. Cuando se sienta desalentado, actúe. Nada nos libra del desaliento más rápidamente que dar pasos positivos hacia la solución del problema.
Cuenta un poeta que caminando en su jardín vio un nido de pájaro en el suelo. La tormenta había sacudido el árbol y desbaratado el nido. Mientras musitaba triste sobre la destrucción del hogar del pajarito, levantó la vista y lo vio haciendo uno nuevo en las ramas.
b. Pensamiento positivo
Hace poco leía una breve pero estimulante biografía de Thomas Edison escrita por su hijo. ¡Qué personaje tan sorprendente! Gracias a su genio disfrutamos del micrófono, el fonógrafo, la luz incandescente, la batería de placas, las películas habla-das y más de mil otras invenciones. Pero tras todo eso había un hombre que rehusaba desanimarse. Su optimismo contagioso influyó en todos cuantos lo rodeaban.
Su hijo recuerda una fría noche de diciembre en 1914. Experimentos infructuosos con la batería de placas alcalinas de hierro y níquel, un proyecto en el que trabajó diez años, habían puesto a Edison en la cuerda floja, económicamente. Estaba solvente sólo por las ganancias provenientes de la producción de películas y discos.
En esa noche de diciembre, el grito de «¡fuego!» se escuchó por toda la planta. El fuego había brotado en el cuarto de películas. En pocos minutos, todos los componentes almacenados, celuloide para discos y películas y otros artículos inflamables, ardían. Acudieron compañías de bomberos de ocho pueblos cercanos, pero el calor era tan intenso y la presión del agua tan baja que los intentos por dominar las llamas fueron inútiles. Todo se destruyó.
Al no encontrar a su padre el hijo se preocupó. ¿Estaba a salvo? Con todos sus bienes destruidos, ¿cómo estaba su espíritu? Entonces vio a su padre que corría hacia él. «¿Dónde está mamá?», gritó el inventor. «¡Búscala, hijo!, ¡dile que venga y reúna a todos los amigos! ¡Nunca más verán un incendio como este!»
En la madrugada, mucho antes del amanecer, con el fuego ya bajo control, Edison reunió a sus empleados y les hizo un anuncio increíble: «¡Reconstruiremos!»
Dirigiéndose a uno de sus hombres, le dijo que alquilara toda la maquinaria que encontrara en el área. A otro le dijo que consiguiera una grúa. Luego, como se le ocurriera de pronto, añadió: «Oh, a propósito, ¿alguno de ustedes sabe dónde podemos conseguir dinero?»
Más tarde, explicó: «Siempre podemos sacar ventaja de un desastre. Lo que ha pasado es que limpiamos un poco de cosas viejas. Ahora construiremos algo más grande y mejor sobre las ruinas». Después de un momento, bostezó, enrolló su saco para que le sirviera de almohada, se acurrucó sobre una mesa e inmediatamente se quedó dormido.
c. Ejemplo positivo
Sucedió en Asia del suroeste en el siglo XIV. El ejército del conquistador asiático, emperador Tamerlane (descen-diente del Gengis Khan), había sido derrotado y dispersado por un poderoso enemigo. El mismo Tamerlane estaba escondido en un pesebre abandonado mientras las tropas enemigas recorrían la comarca.
Estando allí, desesperado y vencido, Tamerlane observó a una hormiga tratando de llevar un grano de maíz por una pared perpendicular. El grano era más grande que la hormiga. El emperador contó sesenta y nueve intentos de la hormiga por llevar el granito. Sesenta y nueve veces se le cayó, pero en la número setenta logró empujar el maíz por la pared.
Tamerlane se puso de pie de un salto y gritó. ¡Él también triunfaría al fin! Y así fue. Reorganizó sus fuerzas y puso al enemigo en fuga.
d. Persistencia positiva
Dos sapos cayeron en una lata de crema —por lo menos así me lo contaron. Los lados de la lata eran altos y resbalosos, la crema era profunda y fría. «Oh, ¿qué voy a hacer?», —dijo el número uno, «¡es el destino —no hay quién me ayude— adiós amigo, adiós mundo cruel!» Y aún llorando, se hundió. Pero el número dos, de naturaleza más recia, chapoteó de sorpresa, y limpiándose la crema de la cara y secándose la crema de los ojos, dijo: «Por lo menos nadaré un poco». —O, así me lo han contado— «No significará nada para el mundo si un sapo más muere ahogado». Una o dos horas pataleó y nadó. Nunca se detuvo para lamentarse, sino que pataleó y nadó, y nadó y pataleó, hasta que salió arrastrándose por la mantequilla.
-Autor desconocido
Demasiadas veces nos desanimamos y aceptamos la derrota:
Abraham falló en una hora de emergencia, y en su debilidad dejó que un rey pensara que Sara, su esposa, era su hermana. Jacob engañó a su hermano y le quitó los derechos de primogenitura. Moisés perdió, por su impaciencia, el derecho de entrar en la tierra prometida. Y David, el hombre «según el corazón de Dios», manchó su nombre con adulterio y asesinato. Elías también estuvo trastornado y oró pidiendo su muerte.
Pero —y esto es lo más importante de todo— todos estos hombres, después de estas tragedias, siguieron adelante y ganaron grandes victorias.
¿Ha sufrido derrota o desaliento últimamente? Depende de usted decidir cómo tratará las derrotas de la vida. Ningún hombre va por la vida sin encontrar derrotas de vez en cuando. Cuando eso le suceda a usted, ¡no desmaye! El misionero E. Stanley Jones decía que había adoptado este lema para su vida: «Cuando la vida te dé una patada, ¡que esa patada te lance hacia adelante!» ¡Una solución sabia! Cualquiera puede comenzar, pero solamente alguien de buena estirpe puede terminar.
Hace mucho tiempo, Harold Sherman escribió un libro titulado Cómo convertir el fracaso en éxito, en el que da un «Código de persistencia». Si usted se da por vencido muy fácilmente escriba lo que está a continuación y léalo a diario:
1. Nunca me daré por vencido mien-tras sepa que tengo la razón.
2. Creo que todas las cosas obrarán a mi favor si me sostengo hasta el final.
3. Tendré ánimo y no desmayaré frente a las probabilidades.
4. No permitiré que nadie me intimide ni me separe de mis metas.
5. Lucharé para vencer todos los impe-dimentos físicos y las contrariedades.
6. Trataré una y otra vez, y todavía una vez más para realizar lo que quiero.
7. Obtendré fe y fortaleza al saber que todos los hombres y mujeres con éxito lucharon contra la derrota y la adversidad.
8. Nunca me rendiré al desaliento o la desesperación no importa con qué obstáculos aparentes me enfrente.
La contención del pecado
La tercera tormenta que sopla dentro de nosotros y hace perder la altura a nuestra actitud hasta que se estrella es: la contención del pecado. Pablo nos escribe sobre el conflicto de dos naturalezas dentro de él (Ro 7.15-25). Una dice: «Haz lo bueno», mientras la otra le arrastra hacia abajo.
Un cristiano recién convertido me contaba la frustración que sentía por no hacer siempre lo que era correcto y lo que él quería hacer.
Este hombre disciplinado me preguntó: «Pastor, ¿entiende cómo me siento?» Le dije: «Sí, Pablo se sentía igual». Busqué Romanos 7 y leí. Me interrumpió y me preguntó: «¿Dónde está ese pasaje? Necesito leerlo de nuevo».
Espero que haya leído también Romanos 8 donde Pablo habla de liberación. «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu» (v. 1).
El Salmo 51 es conocido como la oración de David pidiendo perdón después de haber participado del pecado de adulterio y asesinato. En el Salmo 32, David deja constancia de cómo se sintió durante el tiempo en que trató de encubrir su pecado: «Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día» (v. 3) Durante un año trató de vivir con una mala conciencia y una actitud
caída. Finalmente, después de la confrontación con el profeta Natán, David oró a Dios pidiendo perdón (Sal 51.1, 2).
Es perdonado cuando acepta su culpa, reconoce su pecado y no culpa a Dios (vv. 3, 4).
Recibir perdón es una cosa; vencer el pecado es otra. David clama pidiendo poder purificador en los versículos 5 al 13. Su oración revela que hay ocho pasos para esa liberación, y para obtener poder para vencer el pecado.
Susana Wesley, madre de Juan y Carlos, dijo esta impactante verdad: «Lo que quiera que debilite tu razón, endurezca la sensibilidad de tu conciencia, oscurezca tu sentido de Dios, o te quite el gusto por las cosas espirituales, es pecado».
Tu actitud comienza a vacilar cuando el pecado entra en tu vida. Una naturaleza mezquina, dura y carnal nos invade, como resultado del pecado. Al principio es atractivo, luego aterrador; al principio es fascinante, luego alienante; al principio engaña, luego condena; promete vida y produce muerte;
es lo más desilusionante del mundo.
Entender el problema es un buen primer paso para corregir tu perspectiva. Si tu actitud está en peligro de estrellarse, revisa los indicadores internos. Ve si temes al fracaso, o al desaliento o a contender con el pecado.
Tomado y adaptado de Actitud de Vencedor. Editorial Betania, 1998. Usado con permiso. El autor es un respetado líder y conferencista, es pastor de la Iglesia Wesleyana Skyline en San Diego, California, en Estados Unidos de América. Apuntes Pastorales XVII-3
John C. Maxwell
Cuando el Fracaso no es Fracaso - Parte II
Tratar es correr el riesgo de fracasar.
Se tiene que correr el riesgo, porque el mayor peligro de la vida es no arriesgar nada. La persona que no arriesga nada no hace nada, no tiene nada y no es nada. Puede evitar sufrimiento y dolor, pero no puede aprender, crecer, sentir, cambiar, amar, vivir. Encadenado por estas certezas, es esclavo, ha perdido su libertad.
El temor al fracaso se aferra de aquellos que se toman demasiado en serio. Mientras crecemos, pasamos mucho tiempo preocupándonos de lo que el mundo piensa de nosotros. Cuando llegamos a la madurez nos damos cuenta que el mundo ni se fijó en nosotros todo el tiempo que nos preocupamos. Hasta que aceptemos que el futuro del mundo no depende de nuestras decisiones, no olvidaremos las equivocaciones pasadas.
La actitud es el factor determinante respecto a si nuestros fracasos nos edifican o nos aplastan. La persistencia de una persona que se topa con un fracaso es una señal de una actitud saludable. ¡Los ganadores no renuncian! El fracaso se vuelve devastador y hace que nuestra actitud se estrelle, cuando renunciamos. Aceptar el fracaso como final es ser finalmente un fracasado.
Nada en el mundo puede tomar el lugar de la persistencia. No lo hará el talento; nada en el mundo es más común que hombres de talento sin éxito. El genio no lo hará; el mundo está lleno de ruinas educadas. Solamente la persistencia y la determinación son “omnipotentes”.
Una clave para fortalecerse en tiempos de fracaso es mirar a nuestro Creador y nuestro principal motivador.
Cuando parece que he fracasado...
Señor, ¿quieres decirme algo?
Porque...
El fracaso no significa que soy un fracasado; significa que todavía no he triunfado.
El fracaso no significa que no he logrado nada; significa que he aprendido algo.
El fracaso no significa que he sido un tonto; significa que tuve suficiente fe para experimentar.
El fracaso no significa que he sido desgraciado; significa que me atreví a probar.
El fracaso no significa que no lo tengo; significa que lo tengo de una manera diferente.
El fracaso no significa que soy inferior; significa que no soy perfecto.
El fracaso no significa que he desperdiciado mi tiempo; significa que tengo una excusa para comenzar otra vez.
El fracaso no significa que debo darme por vencido; significa que debo tratar con más ahínco.
El fracaso no significa que nunca lo haré; significa que necesito más paciencia.
El fracaso no significa que me has abandonado; significa que debes tener una mejor idea para mí. Amén.
El miedo al desaliento
La segunda tormenta dentro de nosotros que puede provocar que nuestra actitud se estrelle es el miedo al desaliento.
Elías es uno de mis personajes favoritos de la Biblia. Nunca un hombre de Dios tuvo un momento de mayor alegría que el que tuvo él en el Monte Carmelo. Persistencia, fe, poder, obediencia y oración efectiva caracterizaron a Elías cuando estaba frente a los adoradores de Baal. Pero esa victoria de 1 Reyes 18 fue seguida por el desaliento de 1 Reyes 19. Su actitud cambió de persistencia delante de Dios a inculpamiento a Dios por sus problemas. El temor reemplazó a la fe.
El poder desapareció frente a la lástima y la desobediencia reemplazó a la obediencia. ¡Cuán rápidamente cambian las cosas! ¿Le parece esto familiar?
Cuatro pensamientos sobre el desaliento:
Lea l Reyes 19 y descúbralos:
• Primero, el desaliento lastima nuestra imagen (v. 4). El desaliento nos hace vernos menos de lo que somos. Esto llega a ser más grave cuando nos damos cuenta de que no podemos actuar de una manera incongruente con la forma en que nos vemos a nosotros mismos.
• Segundo, el desaliento nos hace evadir nuestras responsabilidades (v. 9). Los elías de la vida se forman en los montes carmelos no en las cuevas. La fe nos hace ministrar. El temor nos trae solamente miseria.
• Tercero, el desaliento nos hace culpar a otros por nuestros apuros (v. 10).
• Cuarto, el desaliento empaña los hechos (v. 18).
De uno a siete mil. No hay duda: El desaliento había significado un número en este gran profeta. Y si eso sucede a los grandes hombres, ¿qué podemos pensar de nosotros? El desaliento es contagioso.
Todos estamos sujetos a las corrientes de desaliento que pueden arrastrarnos hasta una zona mpeligrosa. Si conocemos las causas del desaliento, podemos evitarlo con más facilidad.
El desaliento viene cuando nosotros:
1. Sentimos que la oportunidad de triunfar se ha ido. La prueba del carácter es ver qué es lo que lo puede detener.
2. Nos volvemos egoístas. Por lo general, las personas desalentadas piensan mucho en una sola cosa: en ellos mismos.
3. No tenemos éxito en nuestros intentos de hacer algo.
4. Carecemos de propósito y planificación.
Otra característica del desaliento es la inactividad. Rara vez ve usted a una persona desalentada corriendo y tratando de ayudar a otros. Cuando usted está desalentado tiende a apartarse. Muchas veces el desaliento viene luego de una victoria. Ese fue el caso de Elías. Tal vez necesitaba otro monte Carmelo para levantar su espíritu.
Cuando carecemos de propósito carecemos de realización.
La vida de Thomas Edison estaba llena de propósito. Cuando hablaba de su éxito, decía:
Los factores más importantes de la invención pueden ser descritos en pocas palabras. (1) Conocimiento definido de lo que deseamos lograr. (2) Fijación de la mente en ese propósito, con persistencia para buscar lo que se persigue, utilizar lo que se sabe y lo que se puede recibir de los demás. (3) Perseverancia en probar, sin importar las veces que haya fallado. (4) Rechazo a la minfluencia de los que han tratado lo mismo, sin éxito. (5) Obsesión con la idea de que la solución al problema está en alguna parte, y se encontrará.
Cuando un hombre predispone su mente para resolver cualquier problema, puede, al principio, toparse con grandes dificultades, pero si continúa buscando, con toda seguridad encontrará alguna clase de solución. La desventaja en la mayoría de las personas, es que desisten antes de comenzar.
John C. Maxwell
Cuando el Fracaso no es Fracaso - Parte I
Hay ciertas tormentas en la vida de la persona que contribuyen a que la actitud se estrelle. Estas tres tormentas que trato son predominantemente internas, no externas. Son parte de nosotros y deben ser tratadas constructivamente para que traigan paz y produzcan una actitud sana.
El temor al fracaso
La primera tormenta interna es: el temor al fracaso.
Hemos tenido muchas maneras de enfrentarnos con eso. Algunas personas son tan determinantes que dicen: «Si no tienes éxito la primera vez, destruye toda evidencia de que lo intentaste».
Fracaso: Lo escondemos, lo negamos, lo tememos, lo desconocemos, y lo odiamos.
Hacemos todo menos aceptarlo. Por aceptación no quiero decir resignación y apatía. Quiero decir entendimiento que el fracaso es un paso necesario hacia el éxito. El hombre que nunca cometió una equivocación nunca hizo nada.
Me gusta leer las vidas de los grandes hombres. Una realidad constante en todos es que experimentaron fracasos. En efecto, la mayoría de ellos comenzaron siendo fracasando.
Cuando el gran pianista polaco Ignace Paderewsky decidió estudiar piano, su profesor de música le dijo que sus manos eran demasiado pequeñas para dominar el teclado.
Cuando el gran tenor italiano Enrico Caruso presentó su solicitud para aprender canto, el maestro le dijo que su voz sonaba como el viento que silbaba por la ventana.
Cuando el gran estadista de la Inglaterra victoriana, Benjamín Disraeli intentó hablar en el Parlamento por primera vez, los parlamentarios le pidieron que se sentara y se rieron cuando dijo:
«Aunque ahora me siente, vendrá el tiempo en el que me oirán».
Henry Ford olvidó poner una marcha de reversa en su primer carro. Thomas Edison gastó dos millones de dólares en una invención que demostró ser de poco valor.
Muy pocos lo hicieron bien la primera vez. Fracasos, repetidos fracasos, son las huellas que hay en el camino hacia el éxito. La vida de Abraham Lincoln demostró que la única vez en que no se fracasa es cuando se hace algo y da resultado. Podemos y debemos «caer» e irnos de bruces hacia el éxito.
Aceptar el fracaso en el sentido positivo, es algo efectivo cuando usted cree que el derecho a fracasar es tan importante como el derecho a triunfar. La mayoría de las personas rara vez valoran su buena salud, hasta que se enferman. El experimentar los problemas nos da un gozo más grande en nuestro progreso si aceptamos el fracaso como un proceso importante para llegar a nuestra meta.
Es imposible triunfar sin sufrir. Si tiene éxito y no ha sufrido, es que alguien ha sufrido por usted; y si está sufriendo sin tener éxito, tal vez alguien tendrá éxito por usted. Pero no hay éxito sin sufrimiento.
Unos años atrás, hablando en Dallas, hice una encuesta entre líderes de iglesias, preguntándoles: «¿Qué es lo que les impide hacer una gran obra para Dios? La respuesta general fue: «El temor al fracaso». Inmediatamente les hablé sobre el fracaso. Mi mensaje de clausura en una conferencia donde los pastores habían visto y oído historias de éxito, fue sobre: «fallas, fracasos y meteduras de pata». Todo el contenido de ese discurso de cuarenta y cinco minutos consistió en un relato de todos mis programas que habían fracasado. La audiencia rió histéricamente mientras confesaba abiertamente mis muchas equivocaciones. ¿Por qué? Había reconocido el fracaso y les había dado permiso para hacer lo mismo.
Reuben Welch, autor de En verdad nos necesitamos el uno al otro, dijo simplemente nos preocupamos de sobrevivir y conservar el status quo, defendemos una reputación que reprime el progreso y llega a ser autolimitante. Después de oír ese mensaje hice una placa que decía: «No tengo que sobrevivir solamente».
Nuestro Señor no sólo enseñó esta verdad sino que también la demostró. Dijo que morir, no vivir, era la clave para la efectividad (véase Jn 15.13). Demostró esta verdad en el Calvario. Se convirtió en un ejemplo visible de sus palabras. Ciertamente el «síndrome de supervivencia» no era parte de la vida de Jesús.
El apóstol Pablo lo entendió en su vida (véase Gl 2.20).
Tertuliano, un apologista del segundo siglo, se refirió al asunto de sobrevivir, durante los primeros años de la historia de la iglesia. Algunos cristianos hacían ídolos como profesión. Cuando habló con ellos le dijeron: «Debemos vivir». Tertuliano les devolvió la pregunta: «¿Deben ustedes vivir?» ¿Cuál era su punto de vista? Que es más importante obedecer a Dios que preocuparse de sobrevivir.
Tal vez las palabras de William Arthur Word nos animarán a no pensar en «sobrevivir» y por eso perder nuestro temor de fracasar:
Si usted es sabio, olvídese de la grandeza. Olvide sus derechos, pero recuerde sus responsabilidades. Olvide sus inconveniencias, pero recuerde sus bendiciones. Olvide sus propios logros, pero recuerde su deuda con los demás. Olvide sus privilegios, pero recuerde sus obligaciones... olvídese de la grandeza.
Corra el riesgo. Trepe y súbase a la rama donde está el fruto. Muchas personas están todavía abrazadas del tronco del árbol, preguntándose por qué no reciben el fruto de la vida. Muchos líderes potenciales nunca lo logran porque se quedan atrás y dejan que otro corra el riesgo. Muchos receptores potenciales nunca recibieron nada porque no dieron un paso fuera de la multitud y lo pidieron. Santiago nos dice: “No tenemos porque no pedimos”. En realidad no pedimos porque tememos el rechazo. Por eso no corremos el riesgo.
• Reír es correr el riesgo de parecer tonto.
• Llorar es correr el riesgo de parecer sentimental.
• Acercarse a otro es correr el riesgo de involucrarse.
Demostrar sus sentimientos es correr el riesgo de demostrar su verdadero yo. Poner sus ideas, sus sueños, delante de la gente es correr el riesgo de perderlos. Amar es correr el riesgo de no ser amado. Vivir es correr el riesgo de morir. Esperar es correr el riesgo de desesperar.
John C. Maxwell
!La Atención al Cliente!
Una herramienta poderosa para que sus ventas se multipliquen.
Quizás le sorprenda la forma que le he dado a este título. ¿Vamos hasta el final a ver qué pasa?
Usted podría interpretar al leerlo que le estoy advirtiendo acerca de un amigo a quien cuidar, y también, acerca de un enemigo al que temer. Asociando con una idea genial de Henry Ford, le digo que en cualquiera de las dos interpretaciones que elija: ¡Está En lo Cierto!
En ocasión de estas fechas por las que estamos transitando: Navidad y Año Nuevo, decidí observar en profundidad las actitudes y comportamientos que se desarrollan en el origen de sus ingresos (¡Sí, los suyos!): EL ACTO DE VENDER. No sólo para ver en qué podía ayudar yo a su mejora continua sino también teniendo en cuenta sus quejas, preocupación y miedos por la CRISIS.
Para ordenarnos, como primer punto, me gustaría recordarle que la palabra CRISIS –en chino- coincide con el ideograma de la palabra OPORTUNIDAD. Y –tema que dejaré para otro acercamiento a usted ya que hoy sólo nos roza como referencia- que dependerá de su mirada el que usted considere ese ideograma en uno u otro sentido.
Confieso que comencé mi tarea llevando en mi mente la sencilla sentencia, aprendida hace muchos años: “Venda Como Le Gusta que Le Vendan” Y me di cuenta al final de mi observación de que No Se Vende Como a Uno Le Gusta Que Le Vendan.
¿Usted se está preguntando por qué su negocio no crece?
¿Usted no entiende por qué tiene buena mercadería pero las ventas no aumentan?
¿Usted quiere generar un cambio de resultados?
Respuesta: Siempre, pero siempre, siempre, la DIFERENCIA parte de las personas y las relaciones que generan. ¡Sí! ¡SIEMPRE!
A ver, ayúdeme por favor: ¿Alguna vez ha visto por ejemplo, dos pizzerías ubicadas una frente a la otra, donde la pizza es de la misma calidad, las instalaciones cuidadas con esmero y los precios idénticos pero resulta que una está siempre hasta el tope y la otra vacía? ¿Por qué será?
La diferencia está en la gente y la atención que presta a su cliente.
Mi hija viajó ayer por medio de una empresa de reconocido nombre, famosa por la confortabilidad de sus unidades de transporte. Nunca más volverá a hacerlo: Le cambiaron la unidad por una deteriorada, sin paradas en un trayecto de 12 horas, los sanitarios no funcionaban, no le sirvieron ni una miga, los asientos eran durísimos y no se reclinaban, NADIE salió a dar una explicación aunque la misma no hubiera bastado.
El dueño NO sabe por qué sus ingresos están bajando.
En el mundo empresarial, la Atención al Cliente es más importante que su producto, que su ubicación, que sus sistemas de distribución, que su marketing estratégico, que su equipamiento…
Por eso me gustaría compartirle que:
1) Su cliente es invalorable y la sonrisa del vendedor lo atrapa: “El hombre que no sabe sonreír no debería abrir una tienda” Dale Carnegie
2) Sus empleados deben recibir consignas con un único criterio para que su cliente sepa cómo va a ser atendido y apreciar que lo hagan sentir “como en su casa”. “Si usted ve y no sólo mira a los ojos de su cliente, se dará cuenta que su deseo dice: ¡Tratame bien!”
3) Elija sus palabras y enseñe a sus empleados a usarlas. Se deben desterrar las frases destructoras de relación entre su empresa y sus clientes: “Son órdenes (políticas –como le guste más-) del dueño”. Sus políticas (órdenes-como le guste más-) deben estar tan ajustadas a la necesidad de su cliente así a éste nunca se le ocurrirá quejarse y si lo hace, sabrá que del otro lado está usted quien se mostrará Flexible para distinguirlo, agradeciendo que consume en su negocio.
“El mundo juzga quien eres de cuatro maneras: por lo que haces, por lo que muestras, por lo que dices y por cómo lo dices.”
“La flexibilidad es la vida, la rigidez es la muerte”: cultivar una mente flexible como un junco... Lao Tse
4) Si a sus clientes les gustan las medias lunas saladas (lo que es un hecho porque todos los días usted se queda sin medias lunas saladas a las doce del mediodía), usted Debe Cambiar su creencia o pre-concepto (que ni se acuerda dónde lo aprendió) de que “la gente come más dulces”.
“El problema de la mayoría de la gente no es tanto su ignorancia como el saber tantas cosas que no son así.” Josh Billings.
5) No compita con su vecino, Mejore Usted. “Los aficionados compiten para vencer la competencia. Los profesionales compiten para vencerse a sí mismos” Gerard Gschwandtner
6) Preste atención a los Detalles. “Los pequeños detalles significan una gran diferencia en el resultado final.” La crisis a la que usted atribuye el poder de vencer a su gestión puede ser su oportunidad de cambiar hábitos que lo hagan resurgir. Un pequeño ajuste de un tornillo, a veces, hace que la máquina vuelva a funcionar.
Por último, déjeme transmitirle una de mis frases maestras en mi camino permanente a mejorar:
No es extraño que en épocas de crisis la gente conviva con fenómenos sin verlos, y aferrada a sus viejas ideas no alcance a percibir los cambios que anuncian la aparición de nuevas oportunidades. Oscar Teran
Oración y Meditación...
Antes de Orar…PERDONA
Antes de Hablar…ESCUCHA
Antes de Escribir…PIENSA
Antes de Gastar…GANA
Antes de Criticar…ESPERA
Antes de Rendirte…PRUEBA
Tus palabras, tus sueños, y tus pensamientos tienen el poder de crear condiciones en tu vida.
De lo que hables, lo obtendrás.
Si sigues diciendo que no soportas tu cuerpo, tu cuerpo puede enfermarse.
Si sigues diciendo que no aguantas tu carro, tu carro puede ser robado o descomponerse.
Si sigues diciendo que estás quebrado, sabes qué? Siempre estarás quebrado.
Si sigues diciendo que no puedes confiar en hombres o mujeres, siempre encontrarás alguien en tu vida que te lastimará o te traicionará.
Si sigues diciendo que no encuentras trabajo, seguirás desempleado.
Si sigues diciendo que no puedes encontrar alguien a quien amar o crea en ti, tus pensamientos atraerán mas experiencias confirmando tus creencias.
Haz tus pensamientos y tus conversaciones más positivos y guárdalas con fe, esperanza, amor y acción.
*No tengas miedo de creer que puedes tener lo que tú quieres y mereces.*
Observa tus 'Pensamientos,' Se convertirán en palabras.
Observa tus 'Palabras', Se convertirán en acciones.
Observa tus 'Acciones', Se convertirán en hábitos.
Observa tus 'Hábitos', Se convertirán en carácter.
Observa tu 'Carácter', Se convertirá en tu 'Destino'
Así…. Para prevenir cualquier obstáculo… ¡Consigue tu propio camino!
¡¡ Disfruta cada minuto de tu vida!!
Cuando el filósofo señala la luna, el tonto se fija en el dedo.
'Si no te gusta lo que recibes, revisa muy bien lo que estás dando'.
'Así como las olas brotan del mar y regresan al mar,
así nosotros venimos de Dios y regresamos a Dios'
'Cuando el amor es feliz lleva al alma a la dulzura y a la bondad.'
Cómo contrarrestar la resistencia al cambio (PETER BREGMAN)
Sentado al otro lado de la mesa de mi cliente más importante y exigente, enfrentaba un conflicto que requería un enfoque delicado y sofisticado si es que quería lograr el resultado que me había propuesto. Este cliente es lejos el negociador más listo que he enfrentado y su meta es ganar. La conversación fue algo como lo que sigue:
"Papá, ¿qué hay de postre?". En aquel entonces, Isabelle tenía seis años. La voluntad no era una de sus áreas que “necesitaba desarrollo”.
"Bueno, veamos… podrías comer una manzana o tal vez unas uvas".
"Yo quiero helado".
"No es una de las opciones, linda. ¿Qué prefieres, manzanas o uvas?".
"Helado".
La conversación siguió así unos minutos hasta que ella dijo, "si no hay helado, entonces quiero comer una banana" "Bien", respondí, "no es una de las opciones, pero está bien. Yo te iré a buscar una".
"Gracias, papá", dijo ella, evidentemente feliz. ¿Estaba contenta de poder comer una banana o feliz de haber conseguido algo que no era una de las opciones que yo le había ofrecido?
Pero eso no importa porque mi meta no era doblegarla o mostrarle quién era el jefe. Lo que buscaba era un resultado muy específico y claro: nada más que inculcar en ella un hábito de comer sano para toda la vida. Quería que comiera fruta de postre y (ésta era la parte difícil) que se sintiera contenta al respecto.
Lograr que otra persona trabaje arduamente para lograr una meta que usted ha establecido –y no porque usted la esté obligando sino porque es lo que ella elige– es exactamente el desafío que los líderes enfrentan a diario en las organizaciones.
Y lograrlo hace una gran diferencia. Para el empleado es equivalente a la diferencia entre ser microgestionado y estar automotivado. Para la organización es la diferencia entre la resistencia pasiva y el alineamiento energizado. Y para usted, el líder, es la diferencia entre el agotamiento frustrante y la colaboración inspirada.
El trabajo de un líder o gerente (y en estos días, quién no es un líder o gerente de una manera u otra) es simple: influir en las personas. Y hay una idea determinante que tenemos en nuestras cabezas que hace que este trabajo sea más fácil.
Creemos que las personas se resisten al cambio.
Por ende, hacemos todo tipo de cosas para contrarrestar esa resistencia. Intentamos motivar o coaccionar a las personas para que cambien.
Pero en lugar de romper la resistencia, la creamos. Las personas se resisten al control. En consecuencia, 70% de todas las iniciativas para introducir el cambio corporativo fracasan. He aquí lo interesante: las personas eligen libremente hacer grandes cambios de vida todos los días. Nos cambiamos de casa, nos casamos, tenemos hijos, enfrentamos desafíos, aprendemos tecnologías nuevas, nos cambiamos de trabajo, y desarrollamos destrezas nuevas. No todos estos cambios son fáciles. Pero la mayor parte del tiempo nosotros mismos buscamos esos cambios y los hacemos con éxito.
Entonces, ¿por qué las personas están dispuestas a cambiar en una situación y se resisten al cambio en otras situaciones?
He aquí la respuesta: no es que la gente se resista al cambio, a lo que se resisten es a que se le imponga el cambio.
En sus vidas personales las personas normalmente hacen sus propias elecciones. Pero en las organizaciones se sienten coaccionadas. En consecuencia, usan el único poder que tienen para reconquistar el control: la resistencia.
¿Cómo evitar la resistencia? Dándoles el control. Permita que las personas tomen decisiones. Si usted les ofrece dos opciones (manzanas o uvas) y eligen una tercera (banana) usted tiene la oportunidad de cederles el control siempre y cuando su elección logra resultados que son aceptables para usted (fruta). En este caso la persona es dueña de su decisión y está contenta con ésta porque ella misma la tomó.
La clave esa cesión sea real. Si usted trata de engañar a las personas para que piensen que tienen el control cuando no es así usted, perderá la credibilidad. Lo que tiene que hacer es darles algo de control de verdad mientras usted también se queda con parte del control debido a que como gerente usted siempre es responsable del resultado.
He aquí tres pasos:
1. Defina el resultado que usted busca.
2. Sugiera un camino para llegar a él.
3. Permita que las personas rechacen el camino que usted ha elegido, siempre y cuando ellos busquen una ruta alternativa que llegue al mismo destino.
Por ejemplo, si usted quiere que los gerentes sostengan conversaciones sobre el desarrollo de la carrera con los empleados, proponga un método para que esas conversaciones se lleven a cabo. Si los gerentes no están de acuerdo, pregúnteles qué preferirían hacer, y cuando ofrezcan una idea alternativa, acéptela siempre y cuando logre que los empleados y los gerentes conversen entre sí.
Es lo mismo si usted está desplegando una tecnología, un proceso de ventas, una nueva práctica de recursos humanos, o (llene usted el espacio). No trate de vender el cambio o hallar "aprobación". En lugar de buscar un acuerdo, trate de lograr el desacuerdo. Eso le da la oportunidad a usted de permitir a las personas hagan los cambios, ahí mismo, e inmediatamente. Y así, ellos son responsables.
O digamos que usted necesita un equipo senior alineado, enfocado y colaborador, pero dos de miembros más prominentes del equipo al parecer no son capaces de trabajar juntos. Reúnase con ellos en una sala y explíqueles cuál es el impacto negativo que ellos están teniendo en la empresa. Luego, pregúnteles qué quieren hacer al respecto.
Ayer, Isabelle (ahora con siete años) estaba molesta por algo que hizo su amiga en la escuela. Me pidió que hablara con la mamá de su amiga. No le dije inmediatamente que no lo haría, aunque sabía claramente que no lo iba a hacer.
El resultado que yo quiero es que desarrolle confianza en su capacidad para resolver sus propios problemas y que se sienta apoyada por mí. Le pregunté qué quería que yo le dijera a la madre de su amiga. Me lo dijo, y le ofrecí dos opciones: ella podía decírselo a su amiga o podía decírselo a la madre de su amiga. No le gustaron esas opciones por lo cual finalmente optó por una banana: se lo diría a su amiga y a la madre de su amiga al mismo tiempo, pero tomada de mi mano.
A veces una banana es el postre más dulce que hay.
Visión de futuro
En un mundo tan cambiante como el actual tan sólo sobreviven aquellas empresas que saben adaptarse a los cambios con rapidez. Y el saber anticiparlos, el ser capaz de tomar la iniciativa, constituye una ventaja competitiva de primer orden y permite que la empresa gane posiciones.
El líder tiene la habilidad de adelantarse a los acontecimientos.
El líder se caracteriza por esta capacidad de "ir por delante", de prever los movimientos del sector. Ello le permite ir tomando las medidas oportunas para que la empresa se encuentre siempre en primera línea. Esta capacidad estratégica es captada por el grupo y en ella se basa gran parte de la confianza que éste deposita en su líder, en la medida en que entiende que su futuro se encuentra en buenas manos.
El líder se preocupa del corto plazo de la empresa, pero también, y muy especialmente, del largo plazo. El líder no es una persona que en un momento dado tiene una idea "mágica", sino que su manera habitual de funcionar es mirando siempre hacia delante, señalando nuevos retos, fijando nuevas metas. Es una persona inquieta, inconformista, soñadora, pero que consigue materializar sus sueños: tiene una confianza ciega en llegar a lograr sus objetivos.
El líder es seguido por el equipo porque genera confianza; su visión de futuro es exigente, pero creíble y motivadora: genera entusiasmo. El futuro que el líder defiende conlleva objetivos difíciles pero alcanzables. Si su idea de futuro fuera meramente utópica nos encontraríamos ante un lunático, no ante un líder. Su visión de futuro genera un fuerte consenso dentro de la organización. Debe ser un futuro que busque el bien de la empresa, pero también el de cada uno de sus empleados. Si no fuera así, difícilmente conseguiría el respaldo del grupo, y sin este respaldo difícilmente podría alcanzar sus objetivos.
Por ejemplo, si el gerente de una empresa busca maximizar el beneficio a base exclusivamente de recortes de gastos (incluyendo reducciones de plantilla) no es probable que genere excesivo entusiasmo entre los empleados (el interés de la empresa chocaría con el particular de cada persona).
Si por el contrario, basará su estrategia en mejorar la calidad de los productos, buscando un crecimiento del beneficio empresarial del que se beneficiaran también los empleados, es muy probable que éstos pusieran todo su empeño en lograr este objetivo.
Aunque el líder es quien señala los objetivos a largo plazo, en su concreción debe buscar que participen activamente sus colaboradores con el objetivo de conseguir establecer unas metas que todo el mundo sienta como propias.
La organización se siente especialmente motivada cuando lucha por unos objetivos con los que se identifica (y no vienen meramente impuestos). En definitiva, esta visión de futuro es lo que distingue a un líder de un simple buen gestor.
El buen gestor es capaz de conseguir que los empleados trabajen eficientemente, que se encuentren motivados, que alcance los resultados propuestos, pero le falta esa visión estratégica que es básica para asegurar la supervivencia de la empresa.
Por: liderazgo y mercadeo
Construyendo Mejores Relaciones.
Hace pocos años, David Molpus, a través de la emisora de radio Nacional Public Radio's Workplace Correspondent, corrió la voz en npr.org de que él estaba haciendo una historia sobre los malos jefes y quería ejemplos de la vida real. A los dos días, recibió más de 300 correos electrónicos.
Mientras que algunos eran de los empleados quienes querían defender a sus jefes, la mayoría describió un comportamiento que, desde un punto de vista relacional, era absolutamente asombroso.
“Mi primer jefe…tenía un hábito de sonar los dedos para llamar al personal, o, si estaba buscando una secretaria, con violencia entraba al baño de las damas llamando nombres hasta que alguien respondiera,” escribió una persona que respondía a la solicitud de Molpus.
“Yo he tenido un problema de peso toda mi vida” escribió otro visitante. “Tuve un jefe que me dijo, dos veces, que ‘nosotros tenemos que enseñarte a caminar como una dama en lugar de cargarte alrededor de aquí como un elefante'.”
De acuerdo con un artículo de npr.org, otra conducta frecuentemente mencionada incluía “lluvia de críticas y pocos reconocimientos” y, “actúa un día como el mejor amigo del empleado y como su peor enemigo al día siguiente.”
Cuando leo sobre tal conducta, me recuerdo lo importante que son las habilidades para las buenas relaciones en la vida de un líder. La descripción de un puesto puede que diga que usted está a cargo de un proyecto, un sistema, un departamento, o una empresa. Pero cuando usted es un líder, el punto clave de su trabajo es conducir a las personas.
Las personas en su círculo de influencia no son máquinas; son seres únicos con sus propias personalidades, talentos, defectos, y necesidades. Eso significa que usted no debe optar por un acercamiento tipo “cortador de galletas” con sus relaciones en el trabajo. Usted debe llegar a conocer los miembros de su equipo individualmente. Debe descubrir qué motiva a cada uno, y luego incorporar eso en cómo los dirige.
Al mismo tiempo, hay algunas reglas para las relaciones que todo líder debe seguir. Aquí van cinco:
1. Esté en armonía con usted mismo:
Hay una razón por la cual esta es la regla Nº 1. Si usted aprende a llevársela bien con usted mismo, descubrirá que será más fácil llevársela bien con las personas a su alrededor. Lea esto con cuidado: herir a las personas hiere a las personas. A través de los años, he observado que las personas que no se llevan bien con sí mismas no se llevan bien con nadie más. Si no entra en armonía con usted mismo, usted va a tener relaciones problemas toda su vida. Por lo tanto, aprenda a sentirse cómodo con usted mismo.
2. Valore a las personas:
Valorar a las personas lo mantendrá alejado de manipularlas. Lo mantendrá alejado de tratar a sus empleados como sirvientes o esclavos (vea los ejemplos anteriormente mencionados sobre malos jefes). Le mantiene alejado de maltratar a los demás sólo porque usted está teniendo un mal día. Por supuesto, usted no sólo va a dar un servicio labial para valorar a las personas. Esto es algo que usted no puede falsificar. Usted no puede hacer que otra persona se sienta importante si usted en secreto siente que él o ella es un nadie.
3. Haga el esfuerzo de formar relaciones:
Se lleva una gran cantidad de energía para desarrollar relaciones. Usted entiende eso. Yo también sé que, como líder, usted tiene muchas otras responsabilidades que requieren una gran cantidad de energía, incluyendo el propio hecho de liderar. Pero aunque puede ser una tentación dejar la construcción de relaciones en la hornilla de atrás mientras se concentra en todas estas otras cosas, yo le animo para que no lo haga. Cuando usted invierte en relaciones – con las personas que usted lidera, con sus pares, con colegas profesionales, etc. - usted construye una red que puede proveer motivación, inspiración y apoyo durante los tiempos buenos y malos. Y usted también evita uno de los estados más tristes de la humanidad: la soledad.
4. Entienda la regla de la reciprocidad:
Cuál es esta regla? A través del tiempo, las personas vienen a compartir recíprocamente, actitudes entre sí. Por ejemplo, si usted tiene una buena actitud hacia otros y la mantiene, eventualmente usted recibirá una buena actitud de ellos hacia usted. Inversamente, si usted tiene una mala actitud hacia alguien y usted continua en mantener esa mala actitud hacia él o ella, eventualmente (o pronto) él o ella tendrá una mala actitud hacia usted
5. Siga la Regla Dorada:
Usted pueda que haya estado buscando algo un poco más revolucionario, pero hay una razón para que este principio haya soportado la prueba del tiempo. Si usted quiere ser productivo y tener auténticas relaciones con las personas que usted dirige y con las cuales trabaja, haga a los demás como usted quiere que le hagan a usted.
Si usted sigue estas reglas, usted tendrá un número creciente de relaciones que le agregarán valor a su vida y le harán una mejor persona. Pero esto no se detendrá con usted. En la medida que usted practique estos principios, las personas que usted lidera lo notarán. Y no sólo ellos lo notarán, ellos comenzarán a seguir su ejemplo.
Para los líderes que valoran a las personas, las recompensas no serán más que eso.
Por, John C. Maxwell
¿Qué es la autoestima?