Según la experiencia del mago, el tiempo es la eternidad cuantificada. “Todos estamos rodeados por lo eterno”, sostenía Merlín. “La pregunta es qué hacer con él”. Al descomponer lo eterno en trozos pequeños creamos el tiempo, y ésa aún es nuestra tendencia. Para nosotros, el tiempo fluye de manera lineal. Los relojes marcan los segundos, los minutos y las horas, registrando la larga marcha desde el pasado hasta el presente y hacia el futuro. Einstein desvirtuó ese concepto lineal del tiempo cuando demostró que éste es relativo y tiene la capacidad de acelerar o disminuir su velocidad.
Además de parecerse un poco a Merlín, Einstein tuvo que haber entrado en el mundo del mago para plantear esta asombrosa noción. Según su propio relato, él pudo sentir la teoría de la relatividad mucho antes de poder demostrarla matemáticamente. Nosotros sentimos el tiempo como una cosa relativa, fluida — un suceso feliz lo acelera, mientras que una experiencia dolorosa lo frena. Un día para un enamorado es como un segundo, mientras que una mañana en el consultorio del odontólogo parece una eternidad.
Pero, ¿en realidad es posible que esta nueva forma de concebir el tiempo nos permita superar la muerte? Para el mago, la muerte es sólo una creencia. La relatividad nos permite alterar nuestra creencia en el tiempo lineal. No es difícil pensar en otros ejemplos que nos permitirían creer en la inmortalidad. Si consideramos, por ejemplo, que el universo es un depósito de energía, entonces desde el punto de vista de la energía nada muere, porque ésta no se destruye. Siempre estaremos aquí en forma de energía.
“Pero no deseo ser energía”, protestó Arturo cuando escuchó ese razonamiento.
“Ése es tu fatal error”, señaló Merlín. “Como te identificas con tu cuerpo, piensas que necesitas una forma. La energía no tiene forma, de manera que tú no crees que puedas ser energía. Pero lo único que quería hacerte ver es que la energía no puede nacer; no tiene principio o fin. Mientras no dejes de pensar que tienes principio, no podrás encontrar tu parte inmortal, la cual no debe nacer a fin de que no muera jamás”.
Viendo el rostro abatido del niño, Merlín lo tranquilizó: “No te estoy robando el cuerpo para establecer que no tienes forma. Lo único que debes hacer es ver lo que no tiene forma dentro de la forma, y así podrás tener la inmortalidad en medio de la mortalidad”.
Las moléculas se forman y se disuelven, retornando al caldo primordial de átomos. Pero la consciencia sobrevive a la muerte de las moléculas sobre las que cabalga. Lo que una vez fue un paquete de energía en un rayo de sol se convierte en hoja, sólo para caer y transformarse de nuevo en tierra. Este cambio de estado traspasa muchas fronteras. El rayo de sol es invisible, mientras que las hojas y la tierra son visibles. La hoja vive y crece, mientras que el rayo de sol no. Los colores de la luz, la hoja y la tierra son diferentes, y así sucesivamente.
Pero todas esas transformaciones existen como fabricaciones de la mente. La energía real presente en el rayo de sol no cambia en lo absoluto — sencillamente es parte del juego constante de los fotones y electrones que lo componen todo, ya sea que se perciban como vivos o muertos. La ciencia moderna le ha permitido a la mente adentrarse dentro de esta nueva y correcta perspectiva; ahora debemos aprender a vivirla. Los pensadores visionarios como Einstein sólo pueden ayudarnos a superar las barreras mentales; nos toca a nosotros romper las demás — las barreras de los instintos y las emociones, nosotros mismos.
El temor emocional a la muerte es una de esas barreras. Desde el punto de vista del mago, todo el fenómeno de la muerte está envuelto en el temor, aunque ese temor tiene un origen tan profundo que sus efectos no son obvios de inmediato. Sin embargo, hay un ejercicio sencillo para descubrirlo. Siéntese con una pila de hojas de papel. Escoja un sitio donde no haya ruido ni distracciones. Después coloque la punta del bolígrafo sobre la primera hoja y prométase no levantarlo durante cinco minutos. Comience a escribir la frase “Le temo a” y termínela como desee. Sin levantar el bolígrafo, comience nuevamente la frase “Le temo a”, y nuevamente escriba lo que le venga a la mente. Mientras lo hace, respire lentamente sin hacer pausas entre una respiración y otra. Esto se conoce como respiración circular, en la cual la inhalación y la exhalación están conectadas. Desde tiempos antiguos se ha considerado que esta forma de respiración permite dejar atrás las inhibiciones de la mente consciente. Sin esta técnica sería mucho más difícil llegar al nivel inconsciente del temor.
Mientras practica la respiración circular, inhalando y exhalando sin parar, complete una y otra vez la misma frase, “Le temo a”, sin levantar el bolígrafo del papel. Una vez que se libere y pueda plasmar sobre el papel sus temores ocultos, le será difícil detenerse.
Si realiza el ejercicio libremente, dejando que sus pensamientos se desenvuelvan sin tratar de controlarlos, descubrirá muchas asociaciones extrañas con el temor que no había imaginado. Y esos temores inesperados traerán consigo emociones, no sólo temor sino ira, tristeza y alivio. Podrán incluso brotar lágrimas reprimidas.
Deje que todo salga, pero vuelva siempre a la respiración y no levante el bolígrafo del papel hasta que termine. Si comienza a sentirse demasiado mal, deténgase. Al terminar el ejercicio es buena idea acostarse a descansar, a fin de recuperar el equilibrio normal. Este ejercicio es más eficaz la primera vez, aunque se puede repetir cuantas veces lo desee.
¿Qué tiene todo esto que ver con la concepción que tiene el mago acerca de la inmortalidad? Podría decirse que realizar una sesión de cinco minutos con el temor es como eliminar una capa de un sistema de creencias. La inmortalidad está en el núcleo de la vida humana, pero está envuelta en sucesivas capas de creencias contrarias a ella. Esas creencias se refuerzan en la vida cotidiana — vivimos nuestros temores, deseos, sueños, asociaciones inconscientes y, en últimas, la creencia profunda de que debemos morir. La mente racional seguramente defendería esta posición sosteniendo que la muerte nos rodea por todas partes.
Pero Merlín diría: “Analiza más de cerca tus dudas racionales. Detrás de ellas está el que duda, detrás del que duda está el que piensa, detrás del que piensa hay una chispa de consciencia pura que debe ser consciente para que haya un pensamiento. Yo soy esa chispa de consciencia. Soy inmortal e inmune al tiempo. No te limites a especular sobre mí, a juzgar si debes aceptarme o rechazarme. Sumérgete hasta el fondo, desecha tus capas de duda. Cuando finalmente nos encontremos, sabrás quién soy Y entonces mi inmortalidad no será una simple noción, sino una realidad viva.
Interesante verdad, ¿Qué reflexión te llevas de esta lectura? ¿Donde esta tu chispa de consciencia? y ¿Cuales son las dudas que se te presentan?
Si quieres comparte estas interrogantes y sino mira dentro de ti, que allí esta la respuesta...
Un gran abrazo y seguimos en este Sendero del Aprendizaje.
Gustavo Alviárez
Comentarios
Publicar un comentario